El pasado jueves 27 de febrero, Centinelas celebró el evento Hacia dónde va Europa, en la Fundación Ortega y Gasset, concebido como un espacio de reflexión y diálogo en torno a los grandes desafíos que enfrenta el continente europeo en el momento actual.
En esta ocasión, el encuentro contó con la participación de Susana Solís Pérez, eurodiputada del Partido Popular Europeo, quien ofreció una intervención centrada en el análisis de las debilidades estructurales de Europa y de las reformas emprendidas para hacerles frente.
Durante la conversación se abordaron cuestiones fundamentales relativas a la situación energética del continente. Se puso de manifiesto que la energía se ha erigido en un instrumento de naturaleza geopolítica, en un contexto en el que las redes eléctricas se encuentran al límite de su capacidad. A ello se suma el deterioro progresivo de la competitividad europea, atribuido tanto a la ausencia de tecnologías estratégicas como a fallos estructurales en el sector energético, circunstancias que comprometen la sostenibilidad del modelo de Estado de bienestar.
Asimismo, se reflexionó sobre el ritmo de los cambios institucionales en Europa. Si bien existe voluntad de reforma, los avances se producen con tiempo y sin la ambición requerida por la magnitud de los desafíos. La polarización política y el auge de los populismos dificultan la construcción de las mayorías necesarias, haciendo imprescindible abordar cada materia de forma individualizada. En este marco, se hizo referencia a la agenda de simplificación y a la aprobación de una ley de aceleración industrial, orientadas a eliminar trabas burocráticas y reforzar la competitividad europea, en paralelo al compromiso con la descarbonización y la transición hacia la neutralidad energética.
El análisis de las relaciones exteriores de Europa ocupó igualmente un lugar destacado en el debate. En lo que respecta a la relación transatlántica, se subrayó que el vínculo con Estados Unidos trasciende la mera cooperación coyuntural, constituyendo un eje estratégico sobre el que Europa debe seguir construyendo con firmeza, tanto en el plano comercial como en el diplomático. En cuanto a China, la reflexión fue de mayor complejidad: lejos de plantear una ruptura o una asociación plena, se defendió la necesidad de una política de gestión activa de riesgos, que reconozca los intereses en juego sin renunciar a los principios fundamentales.
En conjunto, el encuentro resultó de gran valor, ofreciendo a los asistentes una visión fundamentada y de primer nivel sobre el rumbo que afronta Europa en un momento de profunda transformación internacional.



